Lo
importante de este libro es el valor testimonial que tiene.
Explicar
de manera racional por qué uno sigue a un equipo de fútbol o por qué uno sigue
a la U (que es más que un equipo de fútbol claramente). Poner eso en palabras
es muy complejo, porque al final es hablar de amor. Ni más ni menos.
En
primer término me parece que es algo muy masculino la visión del libro. Es muy
testimonial y me gusta el acercamiento que tiene a los asuntos humanos el gran
Francisco Mouat. Es todo muy simple, vas creciendo y alguien te muestra un
camino que ya está trazado en parte y el resto sucede solo. Seguir a la U es
seguir algo que uno quiere y siempre está ahí. Cuando uno lee el libro es
inevitable pensar por qué uno es de la U.
Yo
soy de la U por opción. Elegí ser de la U. En mi caso no vengo de cuna azul, mi
papá era de Rangers de Talca (mi segundo equipo, lo quiero mucho) y siempre fue
respetuoso de mis colores. Que eran blancos. Fui colocolino de chico. Nadie es
perfecto. Y un día, fuimos al estadio en familia. Reunión doble, en el
preliminar jugó la “U”. Nosotros siempre nos sentábamos en la galería sur,
cerca de los hinchas azules, que eran menos que los colocolinos, pero más
unidos. El hecho es que la “U” ganó. Jugando bien y dando clase, no recuerdo a
quien (Huachipato quizás) y eran los primeros tiempos en que la Bullanguera
gritaba todo el partido y se apreciaba una mística que yo no había visto y me
atraía mucho. Me enamoré de la barra y del amor que expresaban. Visto en
perspectiva fue poco conveniente. Porque al tiempo la U cayó en un hoyo que
finalmente la llevó a segunda división, mientras Colo Colo y la UC vivían
tiempos mejores. Pero eso aumentó mi sentimiento. Creo que ser de un equipo es
una forma de ver la vida, es una visión de mundo; y en la U había algo de
rebeldía, de tozudez en ser de un equipo que siempre estaba ahí, a punto, pero
que seguía y seguía. Un equipo grande, pero forjado en la adversidad, eso es la
U.
Mucho
tiempo después vino la Copa Sudamericana, y varios campeonatos para ponernos al
día. Pero esa es otra historia. El amor se forjó desde antes, desde hace tiempo,
cuando el sufrimiento era regla.
En
fin, como dice mi hijo, el fútbol me cambia la vida.
Dato muy importante del libro: aparezco en las páginas de las dedicatorias. No sé muy bien cómo llegué ahí, pero comparto las mismas páginas de José Marcelo Salas, de Leonel, Gino Cofré, Superman Vargas, Carlos Campos, Mariano Puyol y varios más. Créanme, no es poco. Yo creo que el autor Francisco Mouat se pasó de amable. Es un honor, un regalo absolutamente inesperado y quizás inmerecido.


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